ACV: la clave es actuar a tiempo

Lugones Editorial

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ACV

Controlar los factores de riesgo y adoptar hábitos saludables son acciones fundamentales para evitar un ataque cerebrovascular

Por la Lic. María Fernanda Cristoforetti, Editora de Lugones Editorial, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

El ataque cerebrovascular (ACV) puede presentarse de diversas formas. A veces un síntoma puede estar enmascarado y se cree que sólo se trata de un dolor muscular porque se adormece un brazo, una mano o una pierna; incluso en ciertas ocasiones algunos de estos miembros no responden con el movimiento apropiado. En pocas palabras, el ACV es una afección causada por la súbita pérdida de flujo sanguíneo cerebral o por el sangrado dentro de la cabeza. 

El primer caso se llama isquémico (es el más frecuente, ocurre en el 80% de los casos) y se produce cuando se obstruye una arteria y consecuentemente se origina un ataque cerebral, mientras que el segundo se denomina hemorrágico, cuando una arteria obstruida se rompe y el contenido se distribuye en el tejido cerebral. Cualquiera de ambas situaciones -isquémica o hemorrágica- puede provocar que las neuronas se debiliten o mueran dado que sin oxígeno las células nerviosas no pueden funcionar. Asimismo las partes del cuerpo controladas por las regiones del cerebro afectadas también dejan de hacerlo. 

Realizar actividad física regular es un recurso básico para prevenir un ACV

Factores a tener en cuenta

Entre los factores de riesgo asociados al ACV se encuentra en primer lugar la hipertensión arterial, que juega un rol preponderante en ambos tipos: en el ACV hemorrágico, el 85% de los pacientes es hipertenso y aproximadamente el 50% lo es en el caso del ACV isquémico. Por otro lado, el sedentarismo, el aumento de colesterol y lípidos en la sangre, el incremento de la proporción cintura-cadera, el tabaquismo, una alta ingesta de alcohol, presencia de enfermedad cardíaca y diabetes, o mujeres que toman píldoras anticonceptivas (especialmente si fuman y son mayores de 35 años), son factores asociados, así como también el síndrome de apnea hipopnea obstructiva del sueño. Incluso un factor de riesgo no modificable es la edad; si bien el ACV puede producirse en cualquier momento, luego de los 55 años el riesgo se duplica por cada década vivida.    

Estar alerta

Dado que el reconocimiento temprano y la búsqueda de atención médica inmediata reducen la posibilidad de muerte y discapacidad, es fundamental conocer los signos de alerta de un ACV que incluyen:

  • Entumecimiento súbito o debilidad facial, del brazo o la pierna, especialmente de un lado del cuerpo.
  • Confusión súbita, o dificultad para hablar o comprender el habla.
  • Súbita dificultad para ver con uno o ambos ojos.
  • Dificultad súbita para caminar, mareos, o pérdida del equilibrio o la coordinación.
  • Dolor de cabeza grave súbito sin causa conocida.
  • Otros signos de peligro que pueden producirse incluyen visión doble, somnolencia, náuseas y vómitos. A veces estos signos pueden durar solamente unos pocos momentos y luego desaparecer. Estos breves episodios se conocen como ataques isquémicos transitorios.

En nueve de cada 10 casos los pacientes padecen algún grado de discapacidad posterior

Ahora es el momento de prevenir

En nueve de cada 10 casos los pacientes padecen algún grado de discapacidad posterior. Entre las secuelas más comunes se encuentran las que comprometen distintos dominios neurológicos que afectan la motricidad, la sensibilidad, el habla, el lenguaje, la deglución, la vista, las funciones cognitivas y el ánimo, entre otras. Por otra parte,  después del primer año, el 18% de los casos vuelve a padecer un nuevo ACV; es por ello que los pilares fundamentales en el tratamiento de estos pacientes radican en la prevención de futuros episodios vasculares y conseguir la rehabilitación de los síntomas para asegurar una mayor independencia. 

Por lo tanto para prevenir o reducir los riesgos de padecer un ACV se aconseja:

  • Implementar dieta equilibrada, con reducción de grasas saturadas y abundancia de frutas y vegetales.
  • Realizar actividad física regular.
  • Disminuir el consumo de sustancias nocivas como el tabaco y el alcohol.
  • Mantener un peso saludable.
  • Efectuar controles periódicos de tensión arterial, azúcar y lípidos en sangre. 

Referencia: Fundación Cardiológica Argentina

Autora: Lic. María Fernanda Cristoforetti. Derechos de reproducción: Sello Editorial Lugones®, Editorial Biotecnológica S.R.L. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este artículo sin las autorizaciones de la autora y de la editorial. Obra registrada en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina. Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

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