COVID y médicos virtuales

La telemedicina ha llegado para quedarse y si bien es una modalidad que modifica el vínculo entre paciente y profesional, actualmente es una gran aliada para disminuir el flujo de personas en los centros de salud 

Es una realidad que el empleo de las tecnologías de la comunicación e información (TIC) se expande a nivel mundial y que actualmente existen cientos de páginas donde mantener relaciones sociales virtuales de todo tipo. El hombre contemporáneo vive en un mundo globalizado que ha transformado aceleradamente las formas de interacción y comunicación más complejas que acercan -de un modo muy diferente a la presencialidad- con el creciente uso de las TIC.

Entonces el auge de las comunicaciones virtuales está cambiando rápido y sencillamente la forma de relacionarse, de hacer negocios, incluso el campo de la salud, y surge una “nueva” forma de atender al paciente a través de la “telemedicina” que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se define como la manera de “aportar servicios de salud donde la distancia es un factor crítico usando las nuevas tecnologías de la comunicación para el intercambio válido de información en el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de enfermedades o lesiones con el interés de mejorar la salud de los individuos y sus comunidades”.

De esta manera, el tradicional acto médico -que incluye al profesional que recibe la consulta y al paciente que busca contención y solución al problema que lo aqueja- se reinventa y se encuentra con el gran desafío de mantener ese vínculo, pero a la distancia, a través del uso de las diversas herramientas tecnológicas. Así, por el lado del médico, aparece la necesidad de transformar el momento de la atención en algo lo más parecido a lo presencial, y del lado del paciente aceptar, que más allá de la virtualidad, existe una relación humana que debe conservarse intacta.

Aliada en épocas de pandemia

Si bien la telemedicina crea un nuevo vínculo entre paciente y profesional, cabe aclarar que actualmente es una gran aliada a fin de disminuir el flujo de pacientes en los centros de salud quienes, luego de un chequeo médico virtual, tienen la certeza de dirigirse o no a una clínica u hospital. Por lo tanto, en esta pandemia mundial su uso se convirtió en un buen recurso y sirve como primera línea para los pacientes en tiempos de contención ante un masivo contagio para evitar la concurrencia innecesaria a los centros de salud. 

Si bien jamás reemplazará el contacto cara a cara, la telemedicina, bien usada, es una mano auxiliar para el seguimiento médico (imágenes Freepik)

Sus defensores

Quienes defienden la telemedicina subrayan que, si bien la consulta presencial siempre es preferible a la consulta a distancia, solucionaría el gran problema de la accesibilidad. Incluso señalan que siempre es conveniente que el paciente pueda elegir si desea una consulta presencial o a distancia y que, de ser así, otorgue un consentimiento informado. También afirman que es preferible emplear la telemedicina como continuación de encuentros presenciales. De este modo sostienen que no reemplaza la asistencia presencial, sino que la complementa.

Por otra parte, con la telemedicina se reducen los costos indirectos como los traslados inútiles, las demoras o la disponibilidad de especialistas; además permite realizar consultas a diferentes profesionales, contar con los datos en tiempo real, acortar los tiempos de espera, incluso realizar un seguimiento con cronicidad. Además, aseguran que es una modalidad muy bien vista y esperada por los millennials, los jóvenes de hoy nacidos en una “cuna tecnológica”, que evitan concurrir lo menos posible a cualquier lugar físico y más aún a un consultorio médico.

Es posible afirmar, entonces, que la telemedicina ganó un destacado lugar y permitió que gran parte de la población sostenga sus consultas. Es imposible hacer oídos sordos a los avances de las nuevas tecnologías que, vale aclarar, son fundamentales para acercar la salud a la gente, mejorar la comunicación, realizar seguimientos a través de alertas, agilizar la solicitud de turnos o la entrega de los resultados de los estudios; no obstante no debe alejarse al médico del paciente y menos aún desarmar ese lazo de contención entre ambos. En definitiva, si bien jamás reemplazará el contacto cara a cara entre paciente y profesional, cabe destacar que la telemedicina, bien usada, es una mano auxiliar para el seguimiento, pero aún requiere un marco regulatorio que está pendiente.

Autora: Lic. María Fernanda Cristoforetti. Derechos de reproducción: Sello Editorial Lugones®, Editorial Biotecnológica S.R.L. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este artículo sin las autorizaciones de la autora y de la editorial. Obra registrada en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina. Noviembre de 2020, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

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