El siglo XXI y las enfermedades 2.0

La tecnología resulta eficaz herramienta en diversos ámbitos. Si bien facilita tareas, ahorra tiempo y acorta distancias, también produce las llamadas “tecnopatías

“Siento la vista cansada”, “No soporto más este terrible dolor de cabeza”, “Todos los días me duelen el cuello y la espalda”, “Vivo contracturado”; estos testimonios son tan sólo algunos de los que reciben los médicos traumatólogos en sus consultorios. Sus pacientes acuden a ellos en busca de ayuda o un “milagro” que les alivie sus dolores físicos ocasionados, en la mayoría de los casos, por un uso excesivo de la tecnología: computadora, notebooktabletipodiphone o playstation.

Si bien el uso de los diversos dispositivos resulta funcional para optimizar las tareas laborales, incentivar el aprendizaje en los niños, facilitar la comunicación entre las personas o incluso para acortar distancias (por ejemplo, enviar fotos a familiares que viven lejos), la realidad es que hoy en día la tecnología se ha convertido -lamentablemente- en algo tan imprescindible para la vida que resulta difícil pensar en dejarla de lado. Y créase o no, antes del desembarco de la tecnología, la gente se comunicaba igual, ya sea con un llamado telefónico o por medio del (olvidado) envío de cartas escritas a mano. Al parecer, hoy resulta más atractivo mandar un WhatsApp para saludar o estar al tanto de las novedades que invitar a alguien a tomar un café y hablar cara a cara.

Consecuencias físicas 2.0

La era digital facilita la vida de las personas. Es cierto que hace más divertido y cómodo el estilo de vida cotidiano dado que con tan sólo hacer un “click” pueden resolverse trámites sin moverse de casa, pagar cuentas desde el celular, sacar turnos médicos o hacer las compras del supermercado. Pero como todo, en exceso, puede hacer daño y detonar en una patología. En este sentido, el uso de notebooks, netbookstablets o smartphones puede provocar males, incluso generar una adicción informática: se pasa mucho tiempo en posturas inadecuadas y con poca movilidad corporal; la persona se torna cada vez más rígida, se endurece y de este modo las articulaciones, músculos y ligamentos trabajan forzados y esta sobrecarga determina que se inflamen y generen otras complicaciones.

Resumidamente las tecnopatías más comunes son:

• Tendinitis. Generalmente ocurre en la mano o la muñeca. Una de las partes más afectadas es el dedo pulgar, que se usa casi con exclusividad para redactar mensajes de texto y chats. Asimismo el uso prolongado del mouse puede generar distintas lesiones del miembro superior y limitar sus funciones. Si bien se trata de una inflamación de la porción terminal del músculo, si progresa en su deterioro determina una lesión más severa con desgarro parcial o total lo cual agrava el cuadro.

 Codo de tenista. La mala postura al usar una computadora puede derivar en el codo de tenista, especialmente causada por un mal uso del mouse. Mantener la posición sostenida de la muñeca levantada hacia arriba puede producir rasgamientos en los extensores de la muñeca.

•  Daños cervicales. El uso de las computadoras portátiles provoca problemas en las cervicales porque la pantalla no se encuentra a la altura de los ojos. Asimismo el usuario asume una incorrecta postura lo cual deriva en dolores de cabeza y cuello.

• Cuello de texto (text neck). Su nombre se debe a que se trata de una lesión que registra su origen en la adicción a los teléfonos celulares y demás aparatos tecnológicos. Afecta la cabeza, los hombros y los músculos del cuello, dolores causados por la posición hacia delante y hacia abajo de estas partes que ejercen una fuerte presión sobre la columna vertebral. En consecuencia, se puede alterar su curvatura original y a la vez causar cambios en los ligamentos, tendones, músculos, así como en los segmentos óseos.

• Daños en la audición. Al escuchar música con audífonos a todo volumen, es probable que en el futuro surjan problemas de audición. El primero y más importante es la hipoacusia (sordera), problemas en el equilibrio, y en el corto plazo, náuseas y vómitos. 

• Enfermedades oculares. Mirar durante horas la pantalla de una computadora o tablet afecta la salud visual. Las consecuencias más comunes son: vista cansada, enrojecimiento, resequedad, visión lejana y cercana ocasionalmente borrosa o tensión ocular.

• Sobrepeso y obesidad. Está comprobado que quienes pasan tanto tiempo delante de la computadora son más proclives al sedentarismo, y por ende, a padecer sobrepeso y obesidad, enfermedades que derivan en otros problemas como patologías en el sistema circulatorio o diabetes. Asimismo es importante evitar el uso excesivo de las tecnologías en los más pequeños y estimularlos a realizar actividades físicas y recreativas al aire libre.

• Insomnio. El uso de los dispositivos antes de acostarse dificulta la conciliación del sueño, no sólo por el consumo de tiempo que su uso implica, sino por la luz que emiten que reduce la cantidad de melatonina que segrega el cerebro -la hormona que favorece la relajación y la somnolencia, y regula el sueño y la vigilia-, lo cual dificulta el sueño y su calidad.

El uso prolongado del mouse puede generar distintas lesiones del miembro superior y limitar sus funciones (imágenes Freepik)

Consecuencias psicológicas 2.0

Además de daños físicos, las nuevas tecnologías afectan el estado de ánimo de quienes las usan. Algunos ejemplos son:

• Problemas mentales. Muchas personas presentan enfermedades como depresión, aislamiento social, ansiedad, pérdida del placer y el disfrute de las actividades diarias.

• Adicción. Varios especialistas aseguran que existe la nomofobia (miedo irracional a salir de casa sin el celular, perderlo en la calle o quedarse sin batería), la ciberadicción (el uso excesivo, problemático y/o patológico de Internet a través de diversos dispositivos que interfiere con la vida diaria). En el caso de los niños, el uso desmedido de videojuegos puede intensificar el riesgo de que se enfrenten al aislamiento social y prefieran jugar “virtualmente” antes que hacerlo “realmente”.

• Cibercondría. Es un término relacionado con la hipocondría: la tendencia a preocuparse constantemente por la salud. Generalmente ocurre en quienes viven obsesionados por su estado físico y consultan en Internet síntomas que creen tener. Al dejarse influenciar por lo que leen, están seguros de padecer alguna enfermedad. El grave problema es que suelen autodiagnosticarse y recurrir a la automedicación.

• Apnea del WhatsApp. Es prevalente en aquellas personas que a cada rato chequean el chat de manera compulsiva en busca de nuevos mensajes. 

• Síndrome de la llamada imaginaria. Se desencadena cuando el cerebro hace creer que se oye el tono de una llamada. Esto genera, además de dependencia, distracción en las tareas a realizar, inquietud y ansiedad.

• El Síndrome de Google. Tiempo atrás, ante una duda, había que consultar los libros y diccionarios. Hoy en día todas las respuestas las tiene el famoso Google lo cual hace que las personas razonen y piensen menos. Incluso este “síndrome” afecta la memoria de quienes que consultan todo en este buscador: al saturar el cerebro con información, la capacidad de retención es limitada pues el usuario sabe de antemano que en cualquier instante puede consultar nuevamente lo mismo cuantas veces sea necesario y, por lo tanto, se pierde la intención de memorizar o aprender.

• Depresión de Facebook/Instagram. Navegar en los perfiles de los demás, buscar a los “ex” para saber en qué andan, sentir que se tienen pocos contactos o comparar la propia vida con la de los “amigos virtuales”, genera este tipo de depresión.

• Aislamiento. El hecho de estar “encerrado” en casa y creer que con tan sólo enviar un WhatsApp o comentar una foto en Facebook se está conectado, afecta la vida social y encarece los encuentros personales cara a cara.

Por lo tanto, dado que la tecnología ha llegado para quedarse y si bien es cierto que aporta notables ventajas que facilitan diversos aspectos de la vida cotidiana, conviene hacer un uso moderado de la misma y dosificar el tiempo que se le dedica, no sólo para prevenir diversas dolencias sino también para preservar la comunicación interpersonal real, aquella tan necesaria para el enriquecimiento del ser humano.

Autora: Lic. María Fernanda Cristoforetti. Derechos de reproducción: Sello Editorial Lugones®, Editorial Biotecnológica S.R.L. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este artículo sin las autorizaciones de la autora y de la editorial. Obra registrada en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina. Noviembre de 2020, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

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